Desayuno, running y sofá. Y más desayuno, y algo de running y menos sofá.

Cada 28 días aproximadamente, día arriba o día abajo, me encuentro en esos días del mes que no me apetece levantar del sofá. Son momentos en los que sólo pensar en deporte, noto como mi frente nada en sudor. Supongo que será porque tengo cero ganas de cualquier actividad social que implique moverme de mi tan querido sofá. No os imaginéis que tengo en el salón el famoso sofá de Risto Mejide. En precio, ni de lejos, pero en comodidad, aunque no he tenido el gusto de probar el de Risto (qué le vamos a hacer, pero no soy una instagramer con un número de seguidores que ya le gustaría a mi cuenta corriente, ni una influencer deportiva del momento), el mío tiene lo suyo.

Hoy domingo, era un día destinado a comer unas 5 veces al día, y moverme únicamente entre la cocina, el baño y el salón. Pero no todo se puede programar. ¿Os pasa como a mí, eso de tener un plan y que vuestro cuerpo os pida otra cosa? A mi me sucede casi a diario. Tengo que lidiar con mi mente todos los días. Es como un partido de tenis, y mi mente juega muy al nivel de Rafa Nadal, pero yo tengo mis trucos para salir ganando…

Me he levantado muy enérgica, y lo primero que he hecho esta mañana es un desayuno de esos en los que utilizas dos vasos, tres platos y una taza, porque no te cabe todo lo que te quieres comer, tanto con el estómago como con los ojos, y te hace falta la mesa del comedor y una auxiliar. No puedo salir de casa sin desayunar, es la comida que más me gusta del día, y adoro hacerlo relajada a primera hora de la mañana.

Zumo, kiwi, tostadas con aceite y pavo, café con leche, y yogur con avena ha sido mi elección de esta mañana. Satisfecha. Así me he quedado sobre las 09:30h de la mañana que he terminado mi primera comida del día.

Me sentí rara porque tenía ganas de salir a correr, y como os digo, eso no lo suelo pensar cada 28 días, cuando mi cuerpo está hinchado como una pelota de billar. Pero si lo hice esta mañana.

Lo de correr engancha. Ayer sábado, salí a hacer 5km. Siempre suelo hacer la misma distancia, o más bien, siempre suelo correr los mismos kilómetros, después siempre me sale más distancia por el calentamiento inicial y el estiramiento final. Y esta mañana, me apeteció volver a hacerlo.

Después del desayuno, me esperé una hora y media, porque no puedo salir a correr con el estómago lleno. Tampoco lo puedo hacer con el vacío. ¡Pero qué rollo! estaréis pensando…¡Si hasta yo me mareo! Pero ya os digo yo, que no me callo ni debajo del agua, que no. A mi me gusta hacer running con algo en el estómago, y como mi digestión es lenta, pues me espero a digerir un poco la comida. No os creáis que lo hago mirando el reloj y viendo la vida pasar…Nooo! Hay que fregar, preparar la ropa, hacer el tupperware de mañana, o escribir este post que ya tenía muchas ganas! Así que, en nada, estaba en el ascensor bajando para hacer running.

Tiene gracia que la mayoría de las veces que salgo a correr, baje en el ascensor. Ni me planteo el hacerlo a pie. Le doy al botón, y allí me tiro entre 1-2 minutos esperando a que suba…en ese tiempo hubiese llegado abajo. Pero no lo hago. Tengo que empezar a incluir en mi rutina diaria esos pequeños ejercicios, como subir y bajar a pie, y dejar a un lado el ascensor, o ir al supermercado que está a 400 metros en lugar de el que tengo al lado de casa. Porque después tiendo a quejarme de que sólo hago deporte este día, y no este que si que me gustaría…en fin…seguro que muchos me entendéis! (decidme que si, me sentiré mejor).

Reflexiones mañaneras a un lado, vuelvo a mi tiempo de running de esta mañana. Salí con mucha energía, y aunque siempre intento hacer una tirada lo más larga posible, esta mañana mis piernas y mi cuerpo en general estaban out. Pero como runner, me siento muy orgullosa, porque uno de los lemas que no debemos olvidar es que el hecho de salir ya es una victoria. El resto, es un premio.

Después de 40 minutos, estaba en casa. Me costó llegar, pero lo hice!!

¿Habéis hecho deporte este fin de semana? ¿O el sofá os ha tragado? 😉

Deja tu comentario, ¡qué es gratis! Yo también era vergonzosa…hasta que el mundo me dijo ¡no te cortes!

 

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