Oporto, vino dulce al sol


En pleno verano, Oporto es sinónimo de 32 grados, cuestas empinadas, francesinhas calóricas (1.300 kcal/unidad) y vino dulce.

Dicho así, más de uno lo pensaría 3 veces antes de hacer la maleta. Sin embargo, las altas temperaturas no impiden que vivas la ciudad, siempre acompañad@ de ropa ligera, protección solar y agua. Hasta ahora todo muy normal.

De esta forma, el free tour (con Pancho Tours), te permite conocer la cultura de los “tripeiros” (así conocidos antiguamente los habitantes de Oporto); las cuestas empinadas mejoran tu circulación, a la vez que te enseñan las famosas pinturas de Azul, y, la Piscina das Marés, que se une con el océano atlántico, hacen que se olviden esos 32 grados que sufriste toda la mañana.

Siguiendo en modo cultura, la Librería Lello te permite acercar al tan soñado mundo de Harry Potter (ojo que no se rodó allí, pero que más da, ¡lo parece!).

Habiendo ampliado nuestro panorama cultural, nos queda uno no menos importante, ¡el gastronómico! Ir a Oporto y no probar su vino, creo que es considerado delito menor en algún país. Por eso, qué mejor que una visita a una de las bodegas más antiguas en activo, Croft (haría la broma, pero lo dejo al gusto del consumidor).

Y como extra, te digo que, para no arruinar el bolsillo, te puedes hacer una foto desde la Ribeira, seguro que a tus seguidores de instagram les encantará.

Mis recomendaciones: botellas de vino blanco y/o tinto de las marcas Graham’s, Croft y Taylor’s. Infórmate de los precios, y si las compras en un mercadillo ¡regatea!

Mis básicos: ahorrar en invierno, ya que casi todo lo arriba descrito implica cash. Y como no, ¡mis zapatillas Reebok!

¿Os he convencido para visitar Oporto?

¡Nos vemos en el próximo post!


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